SEGUIR EL CAMINO DE LOS SUEÑOS

Haciendo unos poquitos días del Camino de Santiago, y después de unas cuantas casualidades-sincronías, (inicialmente salía desde Gijón, pero al final decidí comenzar desde Llanes con una etapa bien bonita que realmente me ayudase a despejarme de Madrid) termino cayendo días después en Gijón de nuevo, justo cuando está allí la caravana de Qué quieres hacer con tu vida. Supe de su proyecto antes de salir, me interesó muchísimo y con toda la ilusión me acerqué, y con toda la amabilidad los #davincis me invitaron a compartir el día entero con ellos. Ha sido precioso poder observar de cerca cómo es la realización de un sueño propio que implica a los sueños de los demás, algo en lo que estoy profundamente interesada desde hace años por mi propia trayectoria personal.

La otra vez que hice el Camino fue en 2012, y al regresar de él fue cuando hice un gran cambio de vida. Dejé mi interinidad como Terapeuta Ocupacional en un centro de daño cerebral, cerré siete años y medio de vida en Ibiza, tiré los apuntes de la carrera a la basura, fui unos meses a Nueva York y luego regresé a Madrid. Y se que no he sido la única, en este tiempo he conocido  a muchas personas dando este tipo de virajes de rumbo. Desde entonces, esta pregunta, qué QUIERO hacer con mi vida, ha estado presente cada día en mi vida. Y subrayo QUIERO porque el primer gran trabajo ha estado en tomar conciencia de esa libertad, de que realmente esta vida es nuestra y el día que nos muramos seremos cada uno de nosotros los únicos que lo haremos contentos de lo hicimos o por el contrario arrepintiéndonos de lo que no hicimos. Yo por mi parte sabía que no quería continuar en aquel trabajo pero me costó años de darle vueltas y buscar alternativas que no hallaba hasta que fue un parón de una enfermedad sumado al Camino lo que me hizo decidirme a dejar mi plaza, sin alternativa alguna en la mano.En aquel momento sentí lanzarme a la realización de mis sueños, a algo que me hiciera realmente ilusión y pude por fin hacer ver la luz a algunas de las muchísimas ideas que me venían a la cabeza y que apenas me dejaban dormir. Algunas eran para relatos y libros, otras para proyectos de street art o exposiciones, muchas de ellas aún no han visto la luz. Publiqué tres libros desde entonces, y participé en 2014 firmando en la Feria del Libro con dos de ellos, mientras que el tercero quedó número 1 en ventas en Amazon en categoría de libros musicales. Ahora colaboro también con el blog de música Notoesindie y con Le Cool Valencia, además de uno propio que inicié recientemente, Libera la fiera, acerca de liberar nuestro animal creativo. Sin embargo todo esto no era suficiente, eran pequeños-grandes logros de un día tras muchísimos esfuerzos y sobre todo tras largas esperas en las que nada sucedía. La realización de mis sueños de por sí tampoco parecía traerme esa felicidad buscada, aunque sí al menos calmaba esa necesidad insistente de materialización que no me dejaba tranquila. De modo que al darme cuenta de estos mecanismos, estos años han seguido funcionando como investigación personal y un intento o casi obligación de profundización acerca de cuáles son mis verdaderos sueños, mejor, de qué es lo que realmente me hace estar bien. Descubrí en este tiempo lo que temía antes de empezar: que escribir, aunque no siento que pueda dejar de hacerlo, por sí solo es una tarea o trabajo demasiado solitario y mental, y que no me aportaba la felicidad buscada. Como se dice siempre, lo importante no es la meta sino el camino, y vi lo necesario que era para mi tener también el alimento de las buenas cosas cotidianas dándole sentido a ese largo recorrido de final incierto que es la elaboración y publicación de un libro o la realización de un sueño. De manera que he ido observando que no hay una sola cosa que desee hacer, sino más facetas mías que quieren y necesitan salir. Y creo que es algo que puede ocurrirle a mucha gente, pues cada vez tenemos más amplias capacidades y talentos múltiples que podemos y sabemos manejar. La rama de terapia a través del arte, que es parte de mi profesión y que quizá ahora pueda retomar adaptándola a mi manera de entender el mundo, sale por diversas vías y una de ellas, imprescindible y vital para mi, es la danza, el trabajo de conciencia corporal que me ayuda a equilibrar un trabajo tan mental, tanto recibiendo como impartiendo talleres. Aunque aún no me he atrevido a impulsarlo como merece, quizá por una falta de confianza en que el dinero pueda venir de ahí, pese a ser un trabajo tan necesario para muchos.

Cada tarea tiene su aspecto positivo y su aspecto negativo, y este está también presente hasta en la realización de las cosas que más deseamos o que más creemos desear. Reconciliarme con todas esas partes que implica cada tarea y tener la claridad suficiente para reconocer auténticamente qué tareas en cada momento me hacen sentirme verdaderamente bien, más allá de lo que creo que me hará sentir bien, y traducir eso en mi trabajo, encuentro que es el reto de honestidad hacia mi misma que aún sigo teniendo por delante. Eso intentando no olvidar las cosas pequeñas que por ejemplo en estos días de Camino han sido las que lo han llenado absolutamente todo, las naranjas que me dio una señora en Sebrayo, el hombre que arreglaba su huerto echado a perder por la tormenta, los pescadores que me condujeron desde la playa de la Griega en dirección a Colunga me han regalado momentos de paz, admiración y agradecimiento por sus gestos y por los múltiples trabajos que hay para hacer en este mundo. 

Muchas gracias #davincis por todo. Por las charlas que he podido compartir con vosotros, por ese regalo precioso, esa #socialcoin con una semilla de rosa que ahora he de hacer a circular. Por los momentos de vuestra cotidianeidad, con sus alegrías, sinsabores, y también con los sabores deliciosos del pollo y las ensaladas de aguacate de Patri, revitalizantes y mineralizantes… gracias sobre todo también por lanzaros a lo que estais haciendo.